
-¿Cuándo podré tocar la séptima de Bethooven?
-Todo a su tiempo, mi pequeño saltamontes.
Bueno, bueno, bueno mañana ya es Noche Buena y ya es hora de que actualice el blog [y Thiago me ha pedido una entrada para antes de Navidad y no puedo defraudarle ;)]. Además, entre ayer y hoy, me han subido los ánimos un montón y, paradójicamente, ha sido gracias a ir a trabajar. Sí, como lo oís, por ir a trabajar. Y es que ayer me dijeron en la redacción que iban a pagarme más y hoy me han dicho que mañana y pasado tenemos libre (no quepo en mí de la alegría). Yo creo que los Reyes Magos han pasado ya por aquí.
- Qué bonito es el universo.
♫ Ohhhh.. blanca navidaaaad ♪♫
Este post se lo dedico a una información curiosa que me ha llegado a través del Tuenti. Antes de nada, ¿quién no se a encontrado alguna vez en el transporte público con el típico petardo que lleva la música del móvil a tope? Todo el mundo ha tenido esa maravillosa experiencia, tener que soportar una música por imposición cuando uno, a lo mejor, lo que quiere es descansar un poco de un día de trabajo o leer o escuchar su propia música con los cascos.
Siempre han existido y siempre existirán las modas, es un hecho. Si no es una forma de vestir, es una forma de ser y si no un determinado tipo de ocio. Me he dado cuenta de que la última de todas es la moda de la cientifidad.
Bueno, siento no haber actualizado el blog en 2 semanas. Lo peor de todo es que se nota mucho el intentar volver a escribir por aquí, cuando lo has dejado por un tiempo. Fíjate si se nota, que la fuente de inspiración de este post de retoma de contacto con la blogosfera ha sido un rollo de papel higiénico que tengo ahora mismo al lado del teclado (es que tengo alergia al polen y los klinex se gastan muy rápido, pero bueno, eso es otra historia).
Esta semana es Halloween. Muchos dicen que no es una fiesta típica española y que no debería celebrarse. Sin embargo, yo me lo paso pipa cuando celebro este evento así que me da igual que sea o no español. Me parece genial coger lo que nos gusta de otras culturas y hacerlo también nuestro. Para eso está la riqueza cultural y no para encorsetarse en unas ideas y rechazar todo lo demás. No me gustan nada esas voces que dicen: "¡hay que preservar lo nuestro a toda costa!". Y yo digo ¿qué ocurre si hay cosas de lo nuestro que son peores que las de otros? Para eso, soy muy pragmático, yo abogo por sustituir lo malo nuestro por lo bueno de otros (eso sí, quedándonos con lo bueno nuestro). La sociedad evoluciona y, cuanto más abierta es, mejor fluye todo. Por eso, a quien no le guste halloween, que no lo celebre, pero que no critique.
¡Qué bonita es España! ¡Oh! El sol, la playa, los colores del Mediterráneo, la riqueza cultural... En ningún sitio como en España. He encontrado una prueba más de ello esta semana, concretamente con la publicación de los datos de velocidad media de acceso a Internet en los diferentes países del mundo.
Hoy he ido al cine y he visto Camino, la última película de Javier Fesser. Tranquilos, no soy un rebienta-finales así que podéis seguir leyendo con toda tranquilidad (bueno, excepto en caso de que os aburra :P). Es una película muy triste que está basada en la historia real de una niña madrileña que padeció cáncer en los años 80 (hasta dónde es de realista la película, eso ya no sé determinarlo). Pero lo que sí que parece muy real es la opinión que tiene el guionista sobre la existencia de Mr. Pebbles o, al menos, eso da a entender hasta el último, ultimísimo fotograma de la película donde aparece un símbolo que me ha dejado totalmente rayado. Lo único que puedo hacer es pedir la opinión del que ya la haya visto.
Esta tarde, he leído que hay tantos medios de comunicación actualmente y que generan tantos estímulos, que, si prestáramos atención a todos esos medios, nos faltarían horas en un día, para hacer otras cosas, es decir, que estaríamos más de 24 horas seguidas mirándolos.
Érase una vez, un grupo de jóvenes desvalidos que vivían en un desierto inhóspito en medio de la nada. El desierto era enorme y pertenecía a un gran reino en el que para ir de un lugar a otro hacía falta caminar largos trechos. Sin embargo, los sitios habitables, identificables por el símbolo real de la U con los tres círculos, escaseaban y no tenían la suficiente capacidad como para albergarlos a todos, por lo que, a menudo, los jóvenes sufrían situaciones de hacinamiento. No podían emigrar a otros lugares a pesar de estas pésimas condiciones, porque el sistema burocrático que todo lo regía y que a todos tenía controlados, impedía cualquier mínimo cambio en el entorno que no fuese atraer a más jóvenes hacia el desierto para enriquecer a los estratos superiores con sus tributos. Esta pequeña historia trata de lo que aconteció a nuestro grupo de jóvenes una mañana de otoño, cuando, inocentemente, apelaron a la inexistente flexibilidad de un miembro elemental de la red burocrática.
Después de dos posts más o menos cinéfilos, vamos a cambiar un poquito de tema (aunque me tira el cine, me tira...).
"Movimiento, así es el cine de Menassa, un cine en movimiento, escenas sin velocidad real que alcanzan velocidades supersónicas encadenadas a la palabra, herramienta que sin duda Menassa maneja como nadie, ya que él se reconoce instrumento del lenguaje. Por eso la película te atrapa, porque nadie puede dejar de ser hablante" (SALAMANCA, M. En Las 2001 noches nº 99 octubre 2008. Escuela de poesía y psicoanálisis grupo cero).
Hoy me he dado cuenta, en un comentario en el blog de HM, que últimamente emano pesimismo. No llega a ser algo excesivo, pero me he devaneado los sesos para descubrir qué era lo que me provoca esta actitud.Premio Dardos