- Qué bonito es el universo.- Sí, Plutón ya no es un planeta.
- ¿Qué?- Que Plutón ya no es un planeta.
- Ya, te he oído, pero ¿qué tiene que ver eso con lo que te he dicho?- ¿Cómo que qué tiene que ver? Tiene todo que ver.
- ¿Ah sí? Pues explícamelo porque debe ser que se me ha ido la olla mirando las estrellas.- Vamos a ver, Plutón era un planeta hasta 2006, ¿no?
- Sí.- Y dejó de serlo, ¿por qué?
- Pues porque es muy pequeño para ser considerado planeta. En serio, no veo qué tiene que ver todo esto...- ¡Shhhh! Vale, ¿y quién decidió que ya no era un planeta?
- Pueeees... un científico, digo astrónomo, supongo, ¿no?- No, me refiero más en general.
- Ah... pues, ¿el hombre?- Exacto, ahí lo tienes.
- Perdona, no lo pillo...- A ver, ¿nunca te has preguntado por qué tiene que ser el hombre el que decida eso?
- ¿Estás de coña no? Si el hombre es el que estudia el universo, el hombre es el que decide lo que es y lo que deja de ser.- Muy bien, poco a poco lo pillas.
- No.- Sí... ¿crees que el hombre decide lo que el universo es y deja de ser sólo porque somos los que lo estudiamos o hay otra razón?
- Eeeehhh... Bueno, también porque nos creemos un poquito el centro de todo.- Aha, muy bien, sin embargo, cuando miras las estrellas ¿qué sientes o qué te imaginas?
- Bueno, intento imaginar las distancias enormes que nos separan de ellas o me imagino fuera de la Tierra flotando por el espacio. Supongo que lo que siento es que soy insignificante para el universo.- Exacto. Cuando vemos las estrellas sabemos la verdad: que somos una mota de polvo en un desierto. Y el hecho de que Plutón dejase de ser un planeta me recuerda que, aunque por ello nos creamos el centro de todo, cada vez que alcemos la cabeza al cielo, volveremos a ser conscientes de lo superfluo de nuestra existencia para el vasto espacio. Por eso, el universo es bonito.
- Llevas razón. Plutón ya no es un planeta.